Por todos es sabido que el dinero es inteligente y a la vez cobarde. El dinero acude a aquellos lugares o inversiones en donde se dan una serie de circunstancias que crean una atmósfera de seguridad, credibilidad y estabilidad. El dinero huye de la incertidumbre, de la falta de credibilidad, de la falta de seguridad jurídica, de la falta de garantías. En definitiva, el dinero desaparece en cuanto se atisba cualquier síntoma de cambio o modificación de las circunstancias anteriormente establecidas, más aun si estos cambios a priori no parecen ser del todo acertados. Trasladando todo esto a lo que acontece en nuestra querida Cataluña, no presagia nada bueno o alentador, si no todo lo contrario. La inestabilidad política que está generando las próximas elecciones, junto con declaraciones de líderes políticos desafiando la legalidad y el orden establecido, está propiciando en Cataluña una incertidumbre nada favorecedora para sus fines. Las empresas ya están avisando del daño que se les puede ocasionar, incluso muchas de ellas han iniciado procesos de deslocalización. Los grandes bancos también han movido ficha al afirmar que tendrán que mover sus sedes fiscales para no quedar desamparadas del Banco Central Europeo. La verdad puede gustar más o menos pero es la que es. Todavía existe gente que al cruzar la calle miran solamente hacia un lado de la misma, ignorando completamente lo que está ocurriendo en el lado contrario. Simplemente esta manera de actuar yo la denomino «suicida». El hecho de no ser capaces de atender y prestar atención a todo aquello que nos rodea, cuando menos lo podemos calificar de insensato. Esto es lo que puede estar ocurriendo a una parte de la ciudadanía catalana, solamente miran al lado supuestamente benévolo que les venden desde el discurso interesado de su clase política. Dejando por tanto de lado y desoyendo las advertencias de entidades públicas y privadas. El problema de todo esto radica en que una vez producido el daño, este sea irreparable.
Que Cataluña dejaría de pertenecer a la Unión Europea es una afirmación a la que no cabe réplica, por su claridad y rotundidad. Por consecuencia, todas las entidades dejarían de estar bajo el paraguas de la protección jurídica y económica que ofrece Europa. Estos hechos ponen de relieve que el «nuevo estado» quedaría navegando a la deriva, de espaldas a la Unión Europea y con unos problemas de credibilidad tremendos. Esto crea el caldo de cultivo para que el dinero salga corriendo antes de quedar preso por instancia de los políticos catalanes. Y esto es así, el dinero desaparece en cuanto hay dudas, y de quedarse en casa, corre el riesgo de quedarse atrapado a voluntad de terceras partes. Por todos es bien conocido el término de «corralito», pero como ya dijimos anteriormente, todavía existe gente que solo miran hacia un lado de la callle. También podemos pensar que en Cataluña somos más guapos que el resto y que esto no ocurrirá nunca, pero eso solamente el futuro nos lo dirá.
Que cada cual saque su propia conclusión y actúe en consecuencia. Suerte y esperemos que la sensatez se imponga.
